12/05/06
ignacio
Tan sólo un puñado de recuerdos
Me resulta difícil escribir sobre él. Me paro y pienso, pero si casi no lo conozco, ¿Cómo voy a escribir sobre él?. ¿Pero quien me mandaría meterme en berenjenales?. Pero lo prometido es deuda, ya me lo ha reclamado varias veces, y es cierto que se lo debo. Le debo este puñado de recuerdos en forma de relato y unas cuantas cervezas que nunca nos tomarnos.
Cierro los ojos e intento concentrarme, rebusco dentro del baúl de la memoria algún recuerdo con el que comenzar esta historia y sorprendentemente, la primera imagen que viene a mi mente no está asociada a su rostro, el color de sus ojos, o su forma de sonreír, lo que veo… es el interior del cajón de una mesa de oficina, tiene un rotulo con su nombre:
Cuando yo llegué, alguien me advirtió “esa es la mesa de Ignacio“, no dijo nada más, pero el tono ya llevaba implicito un “cuidadito no toques ni un papel que la liamos”. Así que yo pensé ¿Quién será ese Ignacio?.
Dos o tres días mas tarde, sin que me diera tiempo a cruzar tres o cuatro palabras con él, se mudó de Oficina y yo, simplemente heredé su mesa, y con ella el cajón que tenía una bandeja para poner los bolis, grapas y demás con su nombre impreso con dimo. Así que cada vez que abría y cerraba el cajón, allí estaba, ese cartelito que me recordaba que esa había sido su mesa, en la trastienda del Registro General.
De vez en cuando se pasaba por allí, lo recuerdo asomando la cabeza por la ventanilla del Registro, pero tampoco soy capaz de ponerle rostro a ese recuerdo, esta vez el recuerdo viene con sonido, el de su voz, recuerdo estar enfrascada haciendo algo, y de repente su voz interrumpe mi tarea, ha elevado el tono, parece muy enfadado y discute con alguien como si le fuese la vida en ello.
Le oigo decir claramente: “NO, MIRA ESO NO ES ASI…..“.
El es así, porque tiene esa forma tan suya de decir las cosas, esa forma tan absolutamente rotunda, porque cuando cree estar en posesión de la verdad, nada ni nadie le hará desistir de convencer al resto del universo que están equivocados. Recuerdo que alguien dijo: “Mucho cuidado con lo que hablas delante de Ignacio, porque tiene mucho peligro”. Pensé, mucho peligro no sé, pero espero no tener que discutir con él. Ahora lo recuerdo y me resulta curioso pensar que me intimidaba el sonido de su voz, ahora ya se ….. que no es tan fiero el león como lo pintan.
Y un buen día yo tenía que trajinar con una Base de Datos que me había tocado en suerte y alguien me dijo, “si tienes algún problema pregúntale a Ignacio, que está mu puesto”. Y allá que me fui a su Oficina y me lo encontré en su rincón, ese rincón que recuerdo inundado de partes de firmas, bastante desordenado y con banderas sindicalistas ondeantes. Y me sorprendió, porque sin dudarlo un instante vino a ayudarme y este recuerdo tampoco tiene rostro, recuerdo verlo de espaldas, lo recuerdo sentado en mi silla enfrascado delante del ordenador, consulta va macro viene, dale que te pego al teclado. Y recuerdo, que vino unas cuantas veces a echarme una mano y me sorprendió porque no era tan “ogro” como me lo habían pintado, era hasta simpático y todo. Recuerdo que al terminar su visita yo siempre le decía: “Te debo una cerveza”. Y la verdad es que he perdido ya la cuenta de las cervezas que le debo. 
Lo siguiente que viene a mi mente es un post-it amarillo con un texto que decía algo así como:
“LOLA SOY IGNACIO C…. MI TFNO ES 999 999 999 LLAMAME, A LAS 15;30 antes estoy conduciendo”. No recuerdo haberlo llamado, lo que si recuerdo es que guardé el post-it. Lo puse en la cartera y ha estado allí durante bastante tiempo, recuerdo verlo allí pegado, cada vez que la abría y la cerraba.
Y se que el día que encontré el post-it pegado en la pantalla del ordenador, algo cambió. Creo que en ese instante dejo de ser solo Ignacio, para convertirse en alguien en quien confiar, alguien con quien hablar, o simplemente alguien a quien pedir consejo. Siempre hay un antes y un después de un pos-it.
Y como la vida da muchas vueltas, pues un buen día el destino nos juntó en la misma Oficina. Mi mesa ubicada junto a la ventana dándole la espalda y la suya al fondo en su rincón. El recuerdo vuelve a ser sonoro, recuerdo oir su voz, pero ahora ya el tono era completamente diferente. Yo estoy enfrascada haciendo algo, y de repente su voz vuelve a interrumpir mi tarea, pero esta vez el tono no es enfadado sino divertido y oigo como me dice: “Lola, puedes hablar también si quieres. No tienes que estar callada todo el rato.” Recuerdo volverme y verlo allí en su rincón. Vienen a mi mente ahora todos los cigarritos guena-gente que nos hemos echado, la de conversaciones que ha escuchao esa papelera, ¿verdad?
Un buen día recuerdo que me fui a desayunar con él y el desayuno se transformo en todo un ritual.
Y llegó el verano, como estábamos en playas cercanas, pos decidimos juntarnos pa presentarnos a los legítimos y pa que nuestros respectivos niños hiciesen pandilla. Y recuerdo ver a su legítima saliendo del coche con una sonrisa de oreja a oreja y diciéndome “Hola, yo soy Yolanda”, e inmediatamente pensé ¡que guapa¡. Cruzamos dos frases mas y pensé ¡que simpática¡, no le hace justicia a su legítima. Y allá que nos pusímos de cháchara y nos dieron las tantonas. Recuerdo verlo ejercer de padre coraje, y lo hacía mu bien. Verlo ejerciendo de consorte era bastante divertido.
Y en noviembre…. el recuerdo llega con aroma y sabor, a mojo y a tortilla de patatas. Recuerdo a mi hermana Rocío mirando a su legítima con envidia y diciendo en voz alta:
“Yo quiero un mario que se meta en la cocina”. Es un buen cocinillas y además es de los que no le importa dar las recetas.
Y un buen día a mi me dio por concursar (ya no estoy junto a la ventana) y a el le dio por liberarse por lo que abandonó su rincón, dejamos de compartir Oficina. Y después de escribir este relato he descubierto que a veces, en el trabajo echo de menos girar la silla y verlo allí en el rincón, o simplemente girar la silla para meterme con él un rato, …..sigo sin saber quien es, que quiere ser de mayor, o con que sueña por las noches, no sé casi nada de él.
No se quien es
sólo se que
Para mis hijos es simplemente, ……… el papá de Nachete.
Para algunos …….., ese sindicalista.
Para otros, ese de la Junta de Personal.
Para mis hermanos …….. “ese amigo tuyo, el del mojo.”
Me he dado cuenta de que, no logro ponerle rostro a su recuerdo, al igual que nunca me doy cuenta si está mas gordo o mas delgado, si se ha puesto gafas nuevas o si se ha pelado, simplemente forma parte de ese selecto grupo en los que el contenido supera con creces el continente, lo importante es su forma de ser y de estar con los demás, lo demás es sólo el envoltorio.
La banda sonora de este relato es .......
.
De momento es un conjunto disjunto de recuerdos ensartados.
Espero seguir juntando recuerdos pa poder continuar este relato en un futuro.
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